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ESTÁ EN MI BIBLIOTECA “EL ENIGMA NAZI” JOSÉ LESTA

“EL ENIGMA NAZI”

EL SECRETO ESOTÉRICO DEL TERCER REICH

JOSÉ LESTA

 

“… Pero lo más importante era que Hitler quiso alcanzar muy pronto las alturas de la conciencia trascendental y para ello intentaría varios experimentos con drogas. El siniestro jorobado suministró a su discípulo la droga que ayudaba a los aztecas a obtener clarividente visión que, según los antiguos, hablaba con la Voz de Dios. Se trataba del mágico peyote…” 

ESTÁ EN MI BIBLIOTECA “LA SABIDURÍA DE LOS PSICÓPATAS” DE KEVIN DUTTON

 

“La Sabiduría de los Psicópatas” de Kevin Dutton

 

 

 

“… En una forma similar (aunque menos high tech), les pedí a los estudiantes universitarios de una clase de primer curso que se imaginaran que eran genrentes de una empresa de búsque da de empleo. “Despiadado, intrépido, encantador, amoral y centrado”, les dije. “Suponed que tenéis un cliente con ese tipo de perfil. ¿Para qué tipo de trabajo pensáis que podría ser adecuado?” Sus respuestas (…) no podían haber sido más significativas. Ejecutivo, espía cirujano, político, militar… Todo esto apareció. Junto con asesino en serie, criminal y ladrón de bancos.

“…La capacidad intelectual sola es una forma elegante de quedar segundo”, me dijo un ejecutivo de éxito… El camino hacia la cima es duro. Pero es más fácil trepar si te apoyas en otros. Y mucho más fácil si los demás piensan que son ellos los que están sacando algo… Jon Moulton, uno de los inversores de más éxito de Londres, está de acuerdo… en una lista incluye decisión, curiosidad e insensibilidad como sus tres rasgos característicos más valiosos. Los dos primeros se veían venir. Pero ¿insensibilidad? “Lo mejor de la insensibilidad” explica Moulton, “es que te deja dormir mientras otros no pueden…”

 

   

ESTÁ EN MI BIBLIOTECA: “LA MUJER JUSTA” SANDOR MARAI

“LA MUJER JUSTA” SANDOR MARAI

“…parece que en la vida todo ocurre al ritmo de un cronómetro invisible: no se puede decidir nada, ni siquiera un segundo antes de que las cosas y las situaciones hayan decidido por sí mismas… la vida se encarga de tomar las decisiones de una forma maravillosa y sorprendente… y entonces todo resulta sencillo y natural…”

“VIDA DESPUÉS DE LA VIDA” RAYMOND MOODY

“…La inicial aparición del ser luminoso y sus preguntas de prueba sin palabras constituyen el preludio de un intenso momento en que el ser presenta a la persona una revisión panorámica de su vida. Es obvio que ese ser puede ver la vida del individuo y no necesita información. Su única intención es provocar la reflexión… Cuando apareció la luz, lo primero que dijo fue: qué tienes que enseñarme de lo que has hecho con tu vida?… en ese momento comienzan las visiones retrospectivas… de repente había regresado a mi infancia. A partir de ese instante fue como si pasara desde mi primera infancia año a año hasta aquel momento… Las visiones retrospectivas se producían en orden cronológico y eran muy vívidas…”  

“La Crisis Espiritual del Hombre” de Paul Brunton

Libro: “La crisis espiritual del hombre” de Paul Brunton

“… si un hombre es creyente y habla de cosas espirituales, lo toman por un tonto ingenuo o por un hipócrita astuto…” “… Aquellos que viven en feas callejuelas o en madrigueras de calles angostas, sin árboles, no ven el mismo horizonte mental que aquellos que viven en arboladas avenidas…” “…Las grandes ciudades son el karma que expresa lo que somos. A medida que nos volvemos mejores, las ciudades se vuelven mejores. En aquellos medios donde nos encarnamos, hallamos las lecciones que tenemos que aprender, u obtenemos los frutos de lo que hemos hecho en el pasado, o encontramosm las condiciones que nos obligan a cambiar y nos hacen mejores, y al hacerlo así nos desarrollamos…”

“… La humanidad progresa en una corriente formada por sus propias lágrimas… Ha llegado la hora de que nos asociemos CONCIENTEMENTE con las dos leyes de compensación y evolución… Todas las formas de vida en este mundo, al ser finitas y limitadas, incluyen el sufrimiento. pero la vida en el mundo celestial, QUE NO ES UN LUGAR DISTANTE SINO UN ESTADO INTERIOR, que se puede encontrar aún ANTES DE LA MUERTE, es gloriosamente libre y por tanto carente de sufrimiento… El cielo es un estado de la mente. Es en realidad la mente en su SER MAS PURO. Por lo tanto el hombre puede alcanzarlo aquí y ahora mientras lo busque en la región del pensamiento y el sentimiento y no se limite a la región de la carne y la sangre…”

“Las Puertas de la Percepción” A. Huxley

“… parece muy improbable que la humanidad en libertad pueda alguna vez dispensarse de los Paraísos Artificiales. La mayoría de los hombres y mujeres llevan vidas tan penosas en el peor de los casos y tan monótonas, pobres y limitadas en le mejor, que el afán de escapar, el ansia de trascender de sí mismo aunque sólo sea por breves momentos es y ha sido siempre uno de los principales apetitos del alma…”

Libro “La Rueda de la Vida” de E. Kubler – Ross

Fragmento del libro “La Rueda de la Vida” de E. Kubler Ross 

“…Eso ocurrió mucho antes de que nadie hubiera escrito algo sobre las experiencias de muerte clínica temporal o de la vida después de la muerte; por lo tanto sabíamos que el público en general acogería nuestros hallazgos con escepticismo y franca incredulidad, y quedaríamos en ridículo. Pero hubo un caso que me convenció. Una niña de doce años me dijo que no le había contado la experiencia a su madre. La experiencia fue tan agradable que no tenía ningún deseo de volver de allí. “No quiero contarle a mi madre que existe un hogar más agradable que el nuestro”, explicó. Finalmente le relató a su padre todos los detalles, incluso que su hermano la había abrazado con mucho cariño. Eso sorprendió al padre, que reconoció que en realidad habían tenido otro hijo, de cuya existencia la niña no tenía idea hasta ese momento. El niño había muerto unos meses antes de que ella naciera…”

“…Aceptar la realidad de que los niños mueren nunca resulta fácil, pero he visto que los niños moribundos, mucho más que los adultos, dicen exactamente lo que necesitan para estar en paz. La mayor dificultad está en escucharlos y hacerles caso. Mi mejor ejemplo es Jeffy, un niño de nueve años que había estado enfermo de leucemia la mayor parte de su vida … Jeffy no paraba de entrar y salir del hospital…. Padecía una afección del sistema nervioso central; parecía un hombrecito borracho. Tenía la piel muy blanca, pálida, casi incolora. Con gran dificultad lograba sostenerse en pie. Muchas veces se le había caído todo el pelo después de la quimioterapia. Ya no toleraba ni mirar una jeringa, y todo le resultaba terriblemente doloroso. Yo sabía que a ese niño le quedaban, como mucho, unas pocas semanas de vida. Ese día fue un médico joven y nuevo el que le pasó visita. Cuando entré en la habitación oí que les decía a los padres que iba a intentar otra quimioterapia. Les pregunté a los padres y al médico si le habían preguntado a Jeffy si estaba dispuesto a aceptar otra tanda de tratamiento. Dado que los padres lo amaban incondicionalmente, me permitieron hacerle la pregunta al niño delante de ellos. Jeffy me dio una respuesta preciosa, de ese modo en que hablan los niños.

– No entiendo por qué ustedes las personas mayores nos hacen enfermar tanto a los niños para ponernos bien—dijo sencillamente.

Hablamos de eso. Esa era su manera de expresar los naturales quince segundos de rabia. Ese niño tenía suficiente dignidad, autoridad interior y amor por sí mismo para atreverse a decir “No, gracias” a la quimioterapia. Sus padres fueron capaces de oír ese “no”, de respetarlo y aceptarlo. Después quise despedirme de Jeffy, pero él me dijo:

– No, quiero estar seguro de que hoy me llevarán a casa.

Si un niño dice “Llévenme a casa hoy” significa que siente una enorme urgencia, y tratamos de no aplazarlo. Por lo tanto, les pregunté a sus padres si estaban dispuestos a llevárselo a casa. Ellos lo amaban tanto que tenían el valor necesario para hacerlo. Nuevamente quise despedirme. Pero Jeffy, como todos los niños, que son terriblemente sinceros y sencillos, me dijo:

– Quiero que me acompañe a casa. Yo consulté mi reloj, lo que en leguaje simbólico significa: “Es que no tengo tiempo para acompañar a casa a todos mis niños, ¿sabes?” No dije ni una sola palabra, pero él lo entendió al instante. – No se preocupe —me dijo—, sólo serán diez minutos.

Lo acompañé a su casa, sabiendo que en esos próximos diez minutos él iba a concluir su asunto pendiente. Viajamos en el coche, sus padres, Jeffy y yo; al llegar al final del camino de entrada, se abrió la puerta del garaje. Ya dentro del garaje nos apeamos. Con mucha naturalidad, Jeffy le dijo a su padre:

– Baja la bicicleta de la pared.

Jeffy tenía una flamante bicicleta que colgaba de dos ganchos en la pared del garaje. Durante mucho tiempo, su mayor ilusión había sido poder dar, por una vez en su vida, una vuelta a la manzana en bicicleta. Su padre le compró esa preciosa bicicleta, pero debido a su enfermedad el niño nunca había podido montarse en ella y la bici llevaba tres años colgada en la pared. Y en ese momento Jeffy le pidió a su padre que la bajara. Con lágrimas en los ojos le pidió también que le pusiera las ruedecitas laterales. No sé si se dan cuenta de cuánta humildad necesita tener un niño de nueve años para pedir que le pongan a su bicicleta esas ruedas de apoyo, que normalmente sólo se utilizan para los niños pequeños. El padre, con lágrimas en los ojos, colocó las ruedas laterales a la bicicleta de su hijo. Jeffy parecía estar borracho, apenas si podía tenerse en pie. Cuando su padre acabó de atornillar las ruedas, Jeffy me miró a mí:

– Y usted, doctora Ross, usted está aquí para sujetar a mi mamá a fin de que no se mueva. Jeffy sabía que su madre tenía un problema, un asunto inconcluso: todavía no había aprendido que el amor sabe decir “no” a sus propias necesidades. Lo que ella necesitaba era coger en brazos a su hijo tan enfermo, montarlo en la bicicleta como a un crío de dos años, y agarrarlo bien fuerte mientras él corría alrededor de la manzana. Eso habría impedido que el niño obtuviera la mayor victoria de su vida. Por lo tanto sujeté a su madre y su padre me sujetó a mí. Nos sujetamos mutuamente, y en esa dura experiencia comprendimos lo doloroso y difícil que es a veces dejar que un niño vulnerable, enfermo terminal, obtenga la victoria exponiéndose a caerse, hacerse daño y sangrar. Pero Jeffy ya había emprendido la marcha. Transcurrió una eternidad hasta que por fin volvió. Era el ser más orgulloso que se ha visto jamás. Lucía una sonrisa de oreja a oreja. Parecía un campeón olímpico que acabara de ganar una medalla de oro. Con mucha dignidad se bajó de la bicicleta y con gran autoridad le pidió a su padre que le quitara las ruedas laterales y se la subiera a su dormitorio. Después, sin el menor sentimentalismo, de modo muy hermoso y franco, se volvió hacia mí. – Y usted, doctora Ross, ahora puede irse a su casa. Dos semanas después, me llamó su madre para contarme el final de la historia. Cuando me hube marchado, Jeffy les dijo:

—Cuando llegue Dougy de la escuela (su hermano menor, que estaba en primer curso de básica), lo enviáis a mi cuarto. Pero nada de adultos, por favor. 
Así pues, cuando llegó Dougy, lo enviaron a ver a su hermano, tal como éste lo había pedido. Pero cuando bajó al cabo de un rato, se negó a contar a sus padres lo que habían hablado. Había prometido a Jeffy guardar el secreto hasta su cumpleaños, para el que faltaban dos semanas. Jeffy murió una semana antes del cumpleaños de Dougy. Llegado el día, Dougy celebró su fiesta, y entonces contó lo que hasta ese momento había sido un secreto. Aquel día en el dormitorio, Jeffy dijo a su hermano que quería tener el placer de regalarle personalmente su muy amada bicicleta, pero que no podía esperar hacerlo para su cumpleaños, porque entonces ya estaría muerto; por lo tanto deseaba regalársela ya. Pero se la regalaba con una condición: Dougy nunca usaría esas malditas ruedas laterales. En los inicios de mi trabajo con moribundos, los médicos me acusaban de explotar a personas que ellos consideraban desahuciadas, sin esperanza de recuperación. Se negaban a escucharme cuando yo alegaba que se podía ayudar a esos enfermos moribundos hasta sus últimos momentos. Habían sido necesarios casi diez años de arduo trabajo, pero por fin no pudieron evitar oír la historia de Jeffy y otros miles de sucesos similares que ocurrieron gracias al trabajo que realicé y estimulé….”