Amor… Amor… Amor I

Amor… Amor… Amor I

Cuando se piensa uno exento, inmune, cuando realmente cree, por supuesto, no como un acto de fe, sino más bien en forma racional y ampliamente elucubrada, que no puede volver a suceder, sucede. Porque la vida es así, siempre te contradice para que entiendas que nunca estás listo, nunca estás “ok” ni “like”, como si te daría a entender con estos actos que si aún estás acá es porque “no sabés”, porque todavía te falta aprender. Y como no se aprende a las caricias, por lo menos yo personalmente así no aprendo, te da una gama de diferentes “tonalidades” de dolor para que te quede claro, obviamente la tonalidad varía según cuán grande es la resistencia de la persona a los hechos, es decir, cuanto más resiste, se niega, se planta, etc, más alto el grado de sufrimiento porque obviamente este dolor será directamente proporcional a su actitud… Alarma!!!

La palabra “alarma”, tiene incluidas las palabras “ala”, “alma”, “arma”, “ama”, “mala”, entre otras que se pueden descubrir en el juego de anagrama… Nosotros pensamos hilvanando ideas en nuestro lenguaje, lenguaje simbólico, que viene directo del inconsciente… oooobvio…. ahondo entonces en este concepto, “alarma”, que por algo lo escribí en forma compulsiva al final del párrafo anterior. El amor sano, quien te “ama” debería darte “alas”, debería ser quien te “arma” la historia, aquella tan hermosa que te llena el “alma”… y sin embargo, cuando me enamoro, no sé por qué (habría que discutirlo, ahora no quiero, punto), esa persona, que me enamora, se me hace “mala”, me moja las “alas” y se vuelven tan pesadas que sin cortármelas logra que no pueda levantar vuelo, y así, ese amor se convierte en un “arma” que me dispara directo al corazón, vacía entonces mi “alma”, me “des-arma”… Aún así… “Sin embargo… Y sin embargo te quiero”, como dice la canción…

Para colmo de males, sucede cada vez más fuerte, más intenso, más profundo. Porque la inocencia ya no existe, esa que construye idilios casi perfectos a los 20 años de edad, que, por más que te hagan llorar, la melancolía es dulce aún. Ya, al doble de esa edad, hola! sí… ya ando por ahí, las pasiones son eso… pasiones. Lo idílico se desvanece, toma partida la pasión, el apasionamiento! Por favor, no sé quién inventó esto de las hormonas pero estuvo muy desubicado. Te convertís en un maldito apasionado, descontrolado, un desquiciado, “un loco de la guerra”, un… un sediento, y, como decía al principio, como tenés que pasarla mal, la vida es así, el agua salada (léase la ironía) que calma tu sed la porta alguien que suele ser un oasis en el desierto, teniendo en cuenta, por supuesto, que por cada vez que es real el oasis, pasaste antes por unas cuantas alucinaciones previas, sería algo así como “oasis, no… espejismo, oasis, no… espejismo, oasis… sí… bebo y bebo, es salada, no importa (error) sigo bebiendo”.

Después sigo… me puse de mal humor… se me hace que voy a escribir bastante sobre este “tópico”… por eso eso de “Amor I”… en fin…

Por mí… Gimena, y si fuese por mí…. ay ay ay….