“EL LINAJE” NOVELA ESOTERICA

Capítulo 8

Influjos

 

-Augusto, deme una oportunidad. Déjeme contarle un poco la verdad de esta investigación-

En ese momento supe que se venía algo de lo que yo había sospechado. “La verdad” de esta investigación me sonaba a lo que sentía que me ocultaban. Anneliesse sacó un libro de una estantería que tenía al lado del escritorio en donde estaba la computadora y lo abrió. Tomó de adentro del mismo una fotografía de un hombre.

-Este es el Doctor Martínez. Fue convocado por el Doctor Baumann tal cual lo hizo con usted. Es un reconocido psiquiatra español. Venía por recomendación de un colega de Alger. Estuvo un tiempo revisando la información perteneciente a Parks, pero, en un momento, comenzó a tener un comportamiento extraño, alegó cansancio físico y mental y luego renunció. Como no estaba convencida de los alegatos del Doctor Martínez me comuniqué con él unos días más tarde y me confesó ante mi insistencia que se había retirado de la investigación porque estaba sufriendo de pesadillas y angustia-

Me preguntaba si esto me estaba pasando realmente. Quién era esta mujer que se entrometía en todo y ahora, me estaba contando cosas que me ponían realmente nervioso.

-Cuando supe esto que le estaba sucediendo al Doctor Martínez le pedí al Doctor Baumann que por favor me asigne el trabajo de los diarios de Parks a mi, pero, como soy su asistente personal en sus trabajos de investigación se negó rotundamente dándome la posibilidad de tener acceso a todo registro que poseíamos pero con la condición de que si estaba realmente interesada, que lo haga fuera de mi trabajo habitual. Como no podía resistirme al caso me dispuse a ocuparme de ello los fines de semana y en cuanto hueco en mis tareas encontrara-

-Pero, ¿por qué tal obsesión?- pregunté ya de lleno en la historia.

-Había algo extraño en todo lo que sucedía. El Doctor Martínez era un profesional de la ciencia forense y había tenido todo tipo de casos en su carrera. No era natural que se encuentre perturbado de la manera en que lo noté en sus últimos días de investigación y, mucho menos en la llamada que le efectué cuando ya se había retirado-

-Sí, continúe…- asentí con la cabeza totalmente atrapado por la historia.

-Me dispuse entonces a leer el material, noche tras noche, fin de semana tras otro me sentía cada vez más atrapada, obsesionada. Llegaba del trabajo y me sentaba a leer los diarios mientras comía algo o antes de acostarme. Todo fue de esa forma hasta que comencé a tener pesadillas- dijo ella esto último bastante angustiada.

-¿Qué tipo de pesadillas?- Pregunté aterrado recordando la que había tenido yo sobre el abismo negro.

-Recurrentes. Siempre el paisaje es lúgubre, con una negrura de fondo. Me encuentro sola y confundida-

-Y… ¿a qué le atribuye ese tipo de actividad onírica?- repregunté intentando ser racional.

-No estoy completamente segura. Pero todo comenzó con la lectura de esos diarios. Es como si la energía perturbada de Parks me persiguiera- hablaba muy compenetrada.

-No logro entender todo esto. ¿Energía? ¿A qué se refiere?-

Anneliesse tomó un libro más de su biblioteca, lo abrió en una página que marcaba con un señalador y leyó textual:

-Magia simpática, simpatética o “contagiosa”: las cosas se actúan recíprocamente a distancia mediante una acción oculta-

Y me explica:

-Una rama de este tipo de magia dice que lo igual produce lo igual y otra de las divisiones asegura que las cosas que han estado en contacto actúan a distancia, sería algo así como magia “contagiosa”-

-Explíqueme un poco más- le pedí confundido.

-El influjo de las cosas que han estado en contacto permanece en el tiempo. Un ejemplo sencillo sería que yo me quede con su billetera y luego conjure un mal sobre ella. Como el objeto era de su pertenencia tiene su influjo o energía, entonces la billetera es el medio por el cual le hago llegar el mal. De hecho… hoy mismo lo hice, pero… para el bien- confesó ella dejándome en un estado mental histérico.

-¿Cómo?- atiné a preguntar.

-Esta mañana para estar segura de que esté bien y de buen ánimo le envié a través de unos símbolos sagrados energía positiva. Escribí su nombre en un papel, que puse entre mis manos e imaginé que Usted estaba en un lugar hermoso, una casa, en la que yo pasé la infancia en cada verano con mi familia, allí se respiraba la paz y armonía que pocos lugares tienen y…-

La interrumpí:

-Descríbame el frente de la casa-

-La casa era hermosa y amplia, con jardines por detrás y por el frente. Abrazada completamente por enredaderas en distintos tonos de verde…-

Y completé con resignación:

-Pintada en tonos pasteles…-

-Sí… veo que ha funcionado mi visualización- Anneliesse clavó en mi su mirada penetrante.

-Por favor, esto es una locura. Prosiga con lo de la magia contagiosa, ¿de dónde sacó eso?-

-El libro se llama “La Rama Dorada” y el autor es James G. Frazer, un antropólogo escocés que…-

Volví a interrumpirla:

-¿Y de qué se trata?-

-Mitología y religión- dijo rápidamente.

-Bueno, recapitulemos. Si mal no entiendo, usted me está diciendo que como los diarios son de Parks, de su propiedad, los escribió él, de hecho, son sus sentimientos y vivencias escritas de su puño y letra, entonces tienen su “energía o influjo” inserta en los mismos, y, todos los que los leemos o estamos en contacto con ellos caemos en la… ¿en qué?- ya no sabía lo que estaba diciendo.

-Al estar en contacto con sus emociones y sentimientos a través de los escritos somos impregnados por su influjo, por ello creo que el Doctor Martínez y yo hemos sufrido las pesadillas recurrentes y puede que le suceda a…-

-A mi… ya me pasó… de hecho soñé con la niebla, la negrura, el miedo y un abismo negro-

-Por todos los santos… qué increíble es todo esto. Lo estudio y lo repaso, llego a conclusiones, las pongo a prueba, creo en ellas, me apabullan luego crisis de fe, para más tarde llegar a la instancia de creer en lo increíble. Todo una paradoja…- y así Anneliesse se quedó pensativa cavilando vaya a saber qué.

-Anneliesse, ¿qué más me quiere mostrar?-

-Bueno, hay algo que descubrí pero aún no lo pude comprobar con más casos por estar limitada ante el tabú-

-Diga, la escucho-

-El Doctor Baumann también ha leído los diarios pero no han surtido efecto en él. No le interesan más que como un caso como cualquier otro. De hecho, yo lo busqué a usted… Y se lo sugerí al Doctor ya que ninguno de los psiquiatras del equipo del Instituto estaba interesado en hacer semejante trabajo de campo leyendo cada diario y demás material. Busqué entre algunos colegas de España y me dieron su nombre-

-¿Y por qué piensa que a Alger no le hizo efecto “la magia”?- dije irónicamente.

-Porque su energía no es compatible con la de Parks-

-¿Y cómo sabe eso? ¿Cómo puede determinar que la energía de alguien es compatible con la de otro?-

-A través de la carta natal por ejemplo-

No tengo la menor idea de por qué razón seguí sentado en esa silla en aquel departamento de ese barrio extraño que, al final, creo que mi chofer tenía razón, vivían allí una cantidad de excéntricos que tal vez no serían aceptados en otras partes.

-Prosiga- la miré algo resignado.

-La carta natal de Parks me brinda una cantidad de datos, lo mismo que la del Doctor Martínez, la mía y ahora, la suya. Tanto Parks, como Usted, el Doctor Martínez y yo tenemos determinadas energías y planetas ubicados de tal forma que nos hacen compatibles, similares y como le expliqué antes, según lo leído, lo igual atrae lo igual, lo igual produce lo igual, lo igual influye a lo igual-

Ella continuaba hablando con una seguridad tal que hubiese convencido hasta al mayor escéptico, ¿o no? ¿Es que yo no era tan racional como pensaba hasta aquel momento? ¿Realmente existían estas fuerzas? ¿Qué era todo esto?

“EL LINAJE” NOVELA ESOTERICA

Capítulo 7

Anneliesse

Al día siguiente, sábado, la lluvia bañaba la ciudad de Berlín. Apenas y desayuné porque me sentía turbado por la intriga de la cita de las once de la mañana. Mientras me duchaba tuve una imagen mental, esas que aparecen en nuestras memorias por un instante y luego huyen, dejándonos con ganas de saber más acerca de ellas. Debería ser parte de lo que habría soñado esa noche. La sensación que me dejó fue un tanto amarga, pero, lamentablemente, no recuerdo nada. Cuando salí de la habitación del hotel dirigiéndome al hall para matar el tiempo leyendo algún periódico y tomando un café, tuve un destello de imagen en mi mente nuevamente. Esta mostraba una pared color pastel con una enredadera verde claro trepada sobre ella. Luego la imagen desapareció. Esta vez la “foto mental” era más luminosa, como un bálsamo para mi mente. Supuse que estaba bajo mucha presión con mi trabajo y que mi cerebro estaba comenzando a producir imágenes para desahogar un poco del agotamiento.

Unos instantes antes de las 10.30 horas de la mañana el chofer del vehículo que me trasladaba al trabajo, me llevó a la casa de Anneliesse a la ansiada cita. Ella vivía en un barrio de Berlín llamado Schöneberg. Adentrándonos en la zona comencé a ver plazas verdes hermosas y armoniosas, y, sus calles repletas de añejos árboles uniendo sus copas. Ciudad de monumentales edificaciones, simétricas, de estética perfecta. Ferias, comercios, de todo un poco. Ante mi mirada curiosa el chofer, también como todos allí en perfecto inglés, alzó su vista mirando a través del espejo retrovisor y sin preámbulos me dijo:

-Este barrio es muy particular, como la señorita Anneliesse. Acá viven todo tipo de minorías que no funcionarían muy bien en otros lugares. Si quiere ver hippies verdaderos de esos de los años setenta, homosexuales, gente joven y libertina, pues venga aquí. Hoy sábado podrá ver de todo porque se organizan ferias como esa que acabamos de pasar. Si alguien tiene un oficio extraño o un estilo de vida especial, pues este es el mejor lugar para vivir sin ser molestado- como todo un guía turístico improvisado me regaló un buen panorama del lugar con algunas “indirectas” que supe leer entre líneas.

-Dígame… ¿por qué razón me dice que la señorita Anneliesse es particular?- pregunté intrigado.

-¿Qué? ¿Ella no le dijo a qué se dedica los fines de semana?- me dijo sorprendido.

-No… yo solo vengo a visitarla y… ¿de qué me habla?- lo miré aún más extrañado.

-Bueno, yo pensé que Usted la venía a ver como otros tantos que vienen a verla para consulta-

-¿Consulta? ¿de qué?- dije incorporando mi cuerpo hacia adelante y mirando hacia el perfil del conductor.

-Ya llegamos, es aquí. ¿A qué hora lo vengo a buscar?- me preguntó incómodo el chofer para evadirme.

-No, deje, me pido un taxímetro. ¿Por qué me evade?- insistí molesto.

-Mire, prefiero que hable Usted mismo con la señorita, sepa disculpar- con respeto y cierto temor bajó la mirada y dejó que me baje del auto lentamente sin decirme nada más.

Ya en el palier del edificio toqué el timbre del portero y rápidamente contestó Anneliesse.

-Hola-

-Soy yo, Augusto- dije simulando tranquilidad. La realidad es que me sentía mal. ¿Qué tipo de mujer era esta que mi chofer no me quiso decir la actividad que realizaba los fines de semana?

No me contestó. Inmediatamente sonó la chicharra de la puerta y entré al recinto. Subí por el ascensor hasta el séptimo piso. Debía tocar la puerta 7. Una vez allí, cerrando la puerta del ascensor vi a Anneliesse esperándome en la puerta del departamento. Vestida informal, casi no parecía ella. Era como si fuese otra persona, no la prolija, pulcra y de imagen estructurada que veo cada día en el Instituto de Investigaciones.

-Hola Augusto, pase…- me indicó con la mano izquierda mientras cerraba tras de mi la puerta con la derecha.

-Este es mi hogar- me miró. Creo que atinó a decir eso por lo irreverente de mi actitud. Sucede que no me pude resistir a pararme en el medio del living y mirar con atención a mi alrededor. El departamento estaba decorado de una forma hermosa, estética y pulcra. Todo en su lugar, ordenado y ornamentado. En las paredes del living grandes cuadros con diseños extraños cautivantes y coloridos, pinturas de los planetas del sistema solar y extraños símbolos.

-¿Qué es todo esto? No me imaginaba que su casa…- inmediatamente comencé a hacer preguntas respondiendo a mi espíritu curioso y a mi profesión de investigador de la conducta humana.

-Bueno- sonrió –estas figuras de colores que ve aquí geométricamente perfectas y con este centro justo aquí- señaló con el dedo –es un “mandala”. Es una figura típica de la cual nadie conoce sus verdaderos orígenes ya que se han perdido en la noche de los tiempos. La palabra tiene su origen en la lengua sánscrita y significa círculo. Ha sido muy utilizado en oriente para concentrar la meditación y el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung llegó a la conclusión de que meditar sobre el mandala lleva al conocimiento de nuestro ser interior-

-Jung… sí… sé algunas cosas de este hombre… el proceso de individuación… pero, bueno, muchas veces no se nombra porque se ha metido en cosas que no son tópico de la ciencia y…- me interrumpe Anneliesse con su acento alemán un tanto más recio que de costumbre:

-Jung ha traído luz a nuestras existencias materialistas de este siglo. No se cierre a nuevas alternativas Augusto, abrirse al misterio contribuirá a que tenga una visión ecléctica de las cosas- me dijo esto casi dándome un reto.

-Bueno, aquí estoy, cuénteme…- dije resignado a las circunstancias.

-Este otro diagrama que tiene aquí es un mapa natal. Fíjese Doctor que el mandala y esta figura que le muestro tienen la misma disposición, confluyendo en un punto en el medio de la rueda. ¿Sabe Usted Augusto lo que es un mapa natal?-

La miré con cara de quien piensa que le están jugando una broma.

-No, bueno, sí, veo que por lo que me está diciendo debe ser eso del horóscopo-

-Astrología Doctor, astrología… La carta natal es un mapa de la instantánea del cielo en el momento en que el humano realiza la primera inspiración de aire en esta tierra. El influjo de las inteligencias planetarias insufla en el alma del individuo una serie de características, cualidades, etc., que acompañarán a la persona hasta el último día de su existencia en este planeta-

-¿Usted pretende que yo crea que algo me entró en el cuerpo cuando nací entonces soy de tal o cual forma a raíz de ello?- sentencié con fastidio.

-Augusto, dígame su fecha de nacimiento, y si es posible, la hora-

Anneliesse se sentó frente a su computadora personal, en Alemania para el año 2000 casi todo el mundo tenía una en su casa. Abrió un programa y comenzó a completar los espacios vacíos con mis datos. Yo sabía la hora exacta de mi nacimiento porque mi madre siempre me había contado las peripecias que había vivido en el parto en el que yo nací.

-11 de noviembre de 1952, Argentina, Capital Federal, a las 14.30 horas- dije de corrido.

Esperamos unos segundos. Apareció el famoso mapa natal. Miré desde atrás de la silla en la que estaba sentada Anneliesse atentamente concentrada.

-A ver, Usted es sol en escorpio, ascendente piscis y luna virgo. Dígame, su madre: ¿recibió anestesia en el parto? ¿Le sucede a Usted que siempre quiere llegar al fondo de las cosas, pensando que siempre hay “algo más” que se le está ocultando? ¿Es obsesivo?-

Me dijo cosas que me tocaron de cerca, pero, le dije:

-Son generalidades, por favor!  Bueno, es decir, ¿a cuántas mujeres le aplican anestesia cada día en los partos, y cuántos de nosotros somos desconfiados u obsesivos?-

-Bueno, dígame cómo supe que Usted no fue de los partos naturales de la estadística, o que necesita un orden y prolijidad obsesivas, o… ¿sigo?-

Anneliesse lo estaba disfrutando. Pretendía que caiga en sus redes de manipulación olvidando que soy psiquiatra.

-Dígame algo puntual- la desafié.

-Usted es obsesivamente celoso y crítico de todo-

Me quedé pasmado. Era poco el contacto que había tenido con ella como para que sepa eso, y, además, ese era mi talón de Aquiles en las relaciones ya que a pesar de ser psiquiatra y sabiendo los orígenes infantiles de los celos y mis inseguridades, mi desconfianza hacia mis parejas y una crítica excesiva que hace que la convivencia se torne insostenible, aún así, no lo puedo superar, por eso prefiero estar solo.

-Ok, a dónde quiere llegar- le pregunté nuevamente fastidiado por su jueguito de “planetitas y brujas”.

-Mire Doctor, solo pretendía que Usted confíe en mi. Soy astróloga e investigadora de las ciencias ocultas. Utilizo la astrología como complemento a mi trabajo de psiquiatra, tal lo hizo el Doctor Jung.

-Por favor…- me sentí tan turbado que me dirigí a la puerta para retirarme, sentía todo esto como un insulto a mi inteligencia. Y sus palabras casi en un grito me detuvieron:

-Usted perdió a su padre o lo ha sentido lejano. ¿Era su padre alcohólico señor Maynard?-

Ese tipo de información era profundamente íntima para mi. Jamás había contado eso y, además, fue uno de los motivos por los que decidí ser psiquiatra.

Me detuve porque quedé atónito. Me di vuelta lentamente y miré a Anneliesse a los ojos.

-Augusto, lo lamento, no quise faltarle el respeto, solo que no quiero que se vaya. Tengo material que quiero que vea-

Caminé hasta ella nuevamente con la mente confundida, arrimé una silla de las que tenía en su living sin siquiera pedir permiso, me senté a su lado y le dije:

-La escucho-

Ella se dio vuelta, miró a la pantalla de la computadora y me dijo:

-Este mapa natal muestra un ser sensible pero fuerte. Ha pasado por maltrato paterno, se ve claramente, pero, usted, lo ha revertido-

Se hizo un silencio. Y luego, dije:

-Cuénteme qué es lo que quiere que yo vea- refiriéndome a lo que ella me dijo anteriormente.

-Lo traje hasta mi departamento porque cuando tuve los diarios de Parks en mis manos, irresistiblemente, moví influencias dentro de mis amistades para conseguir la partida de nacimiento de este individuo. Cuando la obtuve pude saber mucho más sobre su personalidad, como si los diarios hablarían del guión de su carta natal-

A esa altura ya no sabía qué pensar. Me sentía un perfecto imbécil al lado de una loca de remate hablándome del cielo, los planetas, los mandalas de no sé qué cosa, Jung, mi propia vida y para colmo de males, mi padre…

“EL LINAJE” NOVELA ESOTERICA

Capítulo 6

Pesadilla

 

Estoy a orillas de un río turbio. Es de noche y hay niebla. No puedo divisar nada más allá de unos pocos centímetros. Escucho una melodía, un piano lejano. Desesperado, asustado y desorientado camino con los ojos abiertos de par en par, el sonido se acrecienta. Cuando la música suena casi a mi lado la ansiedad me carcome pues no puedo ver nada. Tengo mucho miedo. La música se eleva al nivel de la sordera, me aturde. Me empujan desde atrás, no veo quién, y, caigo en un abismo negro. Repentinamente me despierto.

¿Qué había sido ese sueño horroroso? Mi inconsciente está en alerta. Toda esta investigación me comenzaba a perturbar profundamente. ¿Sería la falta de claridad que yo percibía en el Doctor Baumann y Anneliesse lo que me estaba afectando en forma inconsciente? ¿Qué peligros percibía mi cerebro productor de tales imágenes arquetípicas de mi pesadilla?

El diario de Parks rezaba…

10 de febrero de 1940,

Pasaron varios días desde el asesinato. A pesar de que siempre lo imaginé, desde mi adolescencia, nunca había podido llevarlo a cabo. Es excitante. La sensación que imaginaba, que tenía en mis recuerdos, quedó hecha trizas luego de haber experimentado “mi placer”. No es lo mismo matar una pequeña paloma cuando niño que deslizar el brilloso filo de una navaja por un cuello humano, ver salir la sangre a borbotones como si hubiese estado esperando mi llegada para ser liberada. Podría comprender al mismo Vlad. Aunque esto resulta una metáfora del orgasmo sexual, el juego previo de poder y terror, es mucho más placentero. Estaba nervioso pero me gustaba. Mi ansiedad se acrecentaba pero quería alargar el momento antes de hundir la navaja con mis manos. Si ella hubiese sido lo que se espera de una dama refinada, esto, no le hubiese sucedido…

 

Encendí una vez más mi pequeño grabador y registré:

Es notable el hecho de que la profesión de Parks lo llevaba de una ciudad a otra y aquella situación le permitía no establecer lazos fijos en ningún lugar. Con tal excusa, conocía gente nueva todo el tiempo con las que no establecía compromisos emocionales profundos y le permitía por un lado dar una canalización a sus ansias de matar y por el otro, a tener la razón adecuada para salir de la ciudad. Esto se ha visto mucho en asesinos seriales, viajan de un lugar a otro para poder llevar adelante sus deseos sin ser observados por una comunidad o una familia propia. Esto no es regla, pero es muy común, o bien, forman familias pero sus oficios los llevan a moverse todo el tiempo y se ausentan por largos períodos, o bien, asiduamente.

Importante es destacar que cometía el asesinato con sus propias manos y con una navaja. El hecho de que lo haya perpetrado con las manos le da un toque personal, directo, es un asesinato, si se me permite, artesanal. Y la navaja reafirma lo que acabo de mencionar y podría simbolizar un falo. Creo que ha de ser así porque adjetiva la narración con vocabulario explícitamente sexual y sensual.

A partir de este primer crimen, y es evidente que fue el primero en humanos, comienza a canalizar su ansiedad tornándose un adicto a las sensaciones fisiológicas y psicológicas que le producía matar.

También el hecho de que culpe a la víctima por su actuación. Que endilgue en el otro sus frustraciones. En su niñez fue humillado por su madre al cometer errores a causa de una pretendida perfección que ella le exigía. Esto, digo, la humillación, produjo en su psiquis la excusa perfecta para poner en el otro la causa de sus males. Si los otros “me hacen daño entonces debo defenderme o vengarme” para así eliminar o intentar eliminar lo que me humilla.

Parte del informe resumido de Anneliesse, extraído de los peritajes e informes oficiales de la época dice:

De niño cazaba, torturaba y mataba animales pequeños. Luego los quemaba.

Aquí se observa perfectamente lo que acabo de explicar. Víctima tras víctima canalizando su sed de venganza.

Hasta el momento lo que subyace como compensación psicológica por, hasta ahora causa del maltrato materno, son poder, sentimiento de superioridad (ocultando inferioridad), venganza, placer, justicia, y, probablemente impotencia sexual.

Semanas más tarde, había leído varios de los diarios y crímenes que iré detallando en sus fragmentos más representativos. Sabía que una sola lectura no sería suficiente porque en cada frase, entre líneas, ocultaba variedad de significados psicológicos. Me llegué a obsesionar, llevaba los diarios conmigo a todas partes, mientras viajaba, antes de irme a dormir, los fines de semana. Hasta que un día tuve la misma pesadilla del abismo obscuro y cual relámpago sobre mi cabeza, me despertó de mi conducta obsesiva y decidí, por mi salud mental, despejarme haciendo algo distinto el fin de semana. Me sentía extraño. Yo, un psiquiatra profesional y de experiencia necesitaba, paradójicamente, ayuda de otra persona, hablar con alguien, me sentía desorientado. El viernes, luego de otra semana ensimismado en el caso, decidí llamara a Anneliesse para que me recomiende algo para hacer el fin de semana. Hasta ese día tanto el Doctor Baumann como ella me habían invitado a diferentes eventos o simplemente a pasar una tarde en sus casas, pero, yo, fijo de ideas, siempre rechazaba los ofrecimientos.

-Anneliesse, quería saber si aún estaba en pie la invitación a dar una vuelta por la ciudad- dije en tono jocoso.

-Por supuesto. Era hora. Me imagino se siente perturbado por tanta obscuridad… ¿o no?- preguntó en un tono inquisidor.

-No comprendo- dije extrañado pero sin quitar la sonrisa de mi rostro.

-La obscuridad es cautivante Doctor Augusto. Una vez que entra a sus dominios es difícil poder quitar los pies del fango…- argumentó en su cautivante tonalidad alemana.

La asistente del Doctor Alger era un ser extraño. Qué era lo que me estaba insinuando. Estaba en un medio científico, ese tipo de aseveraciones no son comunes en estos ámbitos.

-Bueno, me deja sin palabras… – dije amedrentado.

-Augusto, sabe perfectamente a lo que me refiero. Personalmente he leído y releído los diarios del asesino. He entrado en su mente y en su alma-

-En su mente lo comprendo, pero como es que dice que ha entrado en su alma- seguía preguntando yo con cara de entender poco.

-Véame mañana sábado y le cuento. Le dejo mi dirección para que su chofer pueda trasladarlo. Le mostraré a que me refiero- se inclinó en mi escritorio. Sin pedir permiso tomó un bolígrafo y un papel. Allí anotó todo con perfecta y gran letra mayúscula pero luego escritura apretada. Rememorando las explicaciones de mi ex esposa Patricia supe que esta mujer tenía trazos de quien se quiere hacer notar pero esconde algo.

Como lo hacía habitualmente se dio la vuelta y desapareció en un instante. Invariablemente me dejaba con intrigas extrañas, siempre lo mismo. Esta vez no me iba a quedar callado como las tantas otras. Me dije a mi mismo que iba a acudir a la cita…

“EL LINAJE” NOVELA ESOTÉRICA

Capítulo 5

Imperfección

 

Los días siguientes fueron de mucha lectura, análisis, profundización. Comencé a seleccionar fragmentos de los diarios que me resultaban significativos hasta que llegué al primer crimen…

 

04 de febrero de 1940,

 

Hoy después del concierto en el Cambridge Theatre mi representante Paul organizó el habitual meeting que consideraba ineludible por cortesía y protocolo, decía que era necesario para conservar un cierto tipo de relaciones y status que nos terminaban proveyendo de un lugar privilegiado en el imaginario de la alta sociedad invitando a las personas indicadas, y así, en sus palabras, convirtiéndonos en símbolo de lujo. Entiendo perfectamente a mi querido representante, al fin y al cabo, yo era su producto y él mi vendedor. A diferentes escalas, todo termina siendo lo mismo. El pobre infeliz que nos provee los productos de primera necesidad tratará de acomodarlos de forma tal que nos resulte agradable al impulso instintivo de acumulación, lo mismo, en otro peldaño de la vida, lo hacía así Paul.

Entre el selecto grupo de personas que tenían acceso a estas reuniones solía estar repetidamente cuando me presentaba en Londres la viuda de Parsons, una dama de alta sociedad pero de baja inteligencia. Se acercaba a mi obligada por la sola causa de pertenecer, cosa de sumo valor para una mente tan básica y simple como la de ella. Yo solía mostrarme encantador en estos encuentros, mi imagen estaba en juego y no podía permitir que por una falla en mi conducta social pueda surgir alguna crítica que empañe mi ejecución del instrumento literalmente perfecta. Observaba yo todos mis gestos y movimientos, cuidaba mis palabras y mi imagen. Esa noche la señora Parsons se acercó hasta a mi, con obvias intenciones de agradarme. Comenzó a hablar en un tono de voz demasiado alto y para colmo de males tomó un canapé que debió haber rechazado al instante de ser ofrecido, una dama de cierta clase no debe comer en público, debe guardar su forma e imagen, no fue sinónimo de elegancia verla deglutir delante mío aquel bocadillo asqueroso mientras en su otra mano tenía una copa de champan. ¿Es que no podía esperar a llegar a su casa para quitarse el hambre? No, era pura glotonería y falta total de auto control. Seguía hablándome cosas que ya para esa altura yo las consideraba sandeces típicas de alguien que a pesar de pertenecer a la alta sociedad, es bruto por naturaleza. Tal fue su forma y mi repugnancia que mi ira subió hasta niveles indómitos y le invité morbosamente a que me vea tras el teatro después de la reunión. Sabía que aceptaría, es de las típicas que luego comentarían a todas sus amigas que había estado con alguien importante y que había sido “la elegida”. La pobre infeliz acudió a mi encuentro una hora después, ya corría la media noche y había poca gente en las calles. Le pregunté si le había dicho a alguien que vendría, y me dijo que había inventado una mentira tal cual yo le había indicado. Le expliqué que debía conservar mi imagen y no era bueno para mi que todos sepan que gustaba de las mujeres de mi público, argumento poco creíble y sencillo pero que para ella era suficiente. Caminamos durante unos veinte minutos, y ella seguía comportándose en forma insoportable, y, mi angustia se acrecentaba. La llevé hasta una arbolada insinuándole que quería tener sexo con ella, a lo cual accedió rápidamente, lo sabía de antemano. Una vez allí, le dije que se siente en el pasto y que confíe en mi, le haría jugar un juego que jamás olvidaría. Ella reía con picardía y cierta inocencia, típico del adulto que no ha aprendido nada de la vida por falta de observancia. Até sus manos, vendé sus ojos y comencé a describirle todas y cada uno de sus imperfecciones susurrándole al oído:

El tono alto de su voz es exasperante, la aguda risa chillona y ni hablar de su carcajada poco femenina y desubicada, su boca que se mueve rápidamente pronunciando palabra tras palabra sin sentido, un sinfín de banalidades, el borde de su fino y caro vestido de gala sucio por arrastrarlo por doquier sin mirar por dónde camina, y ahora, sentada aquí, indignamente en este pastizal ¡cual puerco esperando su comida!

Ante mis palabras comenzó a entrar en pánico y yo, embriagado por su miedo, que era mi recompensa, seguía enumerando las cualidades defectuosas de su personalidad. Sabía que obtendría ese resultado, pasé cuando niño por los susurros al oído de mi madre cargados de escenas perversas y por supuesto, despiertan un terror en el alma que resulta indescriptible en palabras.

No sentí lástima, su súplica se me hacía estúpida. No era digna ella de una vida como la que tenía, alguien tan vacío merecía volver a nacer para recomenzar todo otra vez, pero como yo aún no podía hacer eso, le quitaría la vida, algo que sí estaba a mi alcance. No había ya posibilidades de arreglar semejante monstruosidad de chabacanería. Le expliqué las razones y más luego, para no manchar mis ropas solo le hice un corte en la yugular para que se desangre y pueda así terminar con esa vida tan inútil e inmerecida. Su miedo me corroboró que no merecía vivir, su súplica la hizo indigna. Limpié mi cuchillo con la venda que tenía en sus ojos y me retiré del lugar. Allí quedó sola, como debía estar. Fue una muerte simple y limpia, no era digna de un gran final, no comprendía nada de nada, murió como vivió, de una forma extremadamente simplona…

 

Luego de repasar varias veces este fragmento traté de hallar las confesiones que había efectuado Parks al ser arrestado, pero, no las encontré entre tantas fojas. Llamé por el interno a Anneliesse y acudió rápidamente.

-Augusto, dígame- dijo atentamente.

-Anneliesse, estaba buscando las declaraciones y confesiones de Parks. Son muchas fojas, tal vez Usted que ha visto este material antes que yo, pueda ayudarme- pedí ayuda con incomodidad ya que no quería que piense que estaba abusando de su buena predisposición.

Le mostré el fragmento del diario y luego le indiqué que lo quería encontrar en las fojas del juicio.

-Augusto, sucede que muchas cosas que están en los diarios Parks las cambió en sus declaraciones, además, afirmaba que había asesinado a más de una docena de personas pero no todos los crímenes están detallados en sus diarios. En los dichos de él hay inconsistencias, mezclaba la realidad con su fantasía, llevando la escena del crimen a un nivel de perfeccionismo tal que llegue a oídos de los interrogadores como ejecuciones dignas de una mente brillante. Su nivel de narcisismo era tan grande que sólo se pudieron probar dos crímenes y el resto no ha sido material fehaciente ya que completó los huecos de las historias con idealizaciones de sus fantasías-

-¿Cómo llegan a tal conclusión?- pregunté.

-Parks confiesa una vez allanado su domicilio. Cuando la policía encuentra sus diarios, y una caja con pertenencias de las víctimas a modo de perverso sourvenir, llevan todo a la fiscalía. Tiempo más tarde, se leen sus diarios, en los que figuraban algunos crímenes. En la caja hallada se encuentran objetos de solo dos de las víctimas, más su confesión es de por lo menos doce crímenes. Nunca estuvieron seguros de qué parte de todas las historias contenía fragmentos de la verdad-

-Entiendo… era muy habilidoso-

-Su coeficiente intelectual era muy alto, no hay dudas de ello. La educación que ha recibido en su vida sólo ha pulido el diamante que ya llevaba en su interior. Parks, era brillante- dijo Anneliesse fascinada.

-Los psicópatas son atrapantes, cautivantes, sí… la entiendo…- y sonreí.

Anneliesse despertó del estado de fascinación que tenía, como si se hubiese dejado llevar por el encanto del fantasma de Parks y contestó:

-Sí… aunque… Parks… siga leyendo Augusto… siga… – pronunció esas escasas palabras y de forma intespestiva salió de mi oficina, como si hubiese preferido huir antes de contarme algo que tenía en la punta de su lengua.

 

Un rato más tarde, ya casi finalizando el día, llegué a la conclusión de que debía tomar de los diarios personales de Leopold Parks solo lo que respecta a sus emociones e inconsciente. También concluí que me encontraba nuevamente enredado en la historia y estaba dejando fluir mis emociones a medida que repasaba sus escritos. Cada vez más me convencía de que algo había detrás de este asesino. Preguntas asolaban mi mente sobre el por qué el Doctor Baumann acudió a mi teniendo una cantidad de profesionales a su alrededor. Además, pensaba en lo extraño del comportamiento intrigante de Anneliesse, y justamente, me la asignaron como ayudante. Más tarde, mientras me retiraba con la mente saturada de pensamientos me dije a mi mismo que debía pensar racionalmente y dejar de lado estas dudas paranoicas que me estaba produciendo estar metiéndome en la mente del psicópata y perverso narcisista.