¡Oh, ama, ama tanto como puedas! por Ferdinand Freiligrath

juribuntu

O lieb, so lang du lieben kannst

¡Oh, ama, ama tanto como puedas!

Por: Ferdinand Freiligrat

¡Oh, ama, ama tanto como puedas!

¡Oh, ama, ama tanto como debas!

Llegará la hora, llegará la hora

En que sobre las tumbas te lamentarás.

Asegúrate de que tu corazón arda,

Y sostén y mantén el amor

Tanto como el otro corazón ardientemente lata

Por tu amor.

Y si alguien te comparte su alma

Correspóndele lo mejor que puedas

Dale alegría a cada hora,

¡No le dejes pasar penas!

Y vigila tus palabras con cuidado,

¡Aparta el verbo caustico de tus labios!

Querido Dios, no quise herirlo,

Pero el amado retrocede y se lamenta.

¡Oh, ama, ama tanto como puedas!

¡Oh, ama, ama tanto como debas!

Llegará la hora, llegará la hora

En que sobre las tumbas te lamentarás.

Te postrarás junto a la tumba

Y tus ojos estarán tristes y húmedos,

-Nunca…

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Conversación sobre la vida y su sentido

Calle del Orco

Iván: ¿Sabes lo que me estaba diciendo hace un instante? Que si hubiera perdido la fe en la vida, si dudara de la mujer amada y del orden universal y estuviera convencido de que este mundo no es sino un caos infernal y maldito, por muy horrible que fuera mi desilusión, desearía seguir viviendo. Después de haber gustado el elixir de la vida, no dejaría la copa hasta haberla apurado. A los treinta años, es posible que me hubiera arrepentido, aunque no la hubiera apurado del todo, y entonces no sabría qué hacer. Pero estoy seguro de que hasta ese momento triunfaría de todos los obstáculos: desencanto, desamor a la vida y otros motivos de desaliento. Me he preguntado más de una vez si existe un sentimiento de desesperación lo bastante fuerte para vencer en mí este insaciable deseo de vivir, tal vez deleznable, y mi opinión es que…

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Soledad? soledad…

Yo: Y qué es la soledad, por qué la conozco hoy? hay más de una soledad, siempre hay más de algo, y si lo puedo tolerar, lo puedo conocer, puedo ahondar y navegar, subir y bajar, ahogarme en soledad, en toda soledad. Al estar solo, es soledad, al estar con vos, es soledad, una distinta, pero es soledad. Otra vez las paradojas, siempre surgen en mis escritos, pero no son inconsistencias, son claras y justas, puntuales y explícitas: estoy con vos pero estoy sola. Si estoy sola, lo estoy, aún cuando me siento más pobre de alma, literalmente pusilánime, puedo tocar violentamente la soledad, casi violarla, la ultrajo, porque ella apunta primero, y si tengo el poder me defiendo.

Soledad: Sos el pequeño felino que al crecer ya no es doméstico, y yo, la soledad, saco lo peor de vos, porque, cuando frustrada vos, cruel soy yo. Río, vos no, siempre pierdes, por eso te defiendes. Cuando lo pongo a él en tu camino, y te deja sola, lo uso, es mi aliado, y así, vuelve a la carga, y actúa, y hace, y deshace, te digo: estás sola aún con él, porque estás sola cuando estás sola, no trates de saciar, de llenar, de completarte, no intentes con él, si estás sola, él, solo te muestra lo que ya está en vos. Él no te deja sola, vos ya estás sola, y no sola con tu soledad, sola con tu alma, y no la escuchas y no la entiendes. Y por eso, vengo con él, porque a ambos nos llamaste, a él y a mí. A él, portador de soledad, exponente perfecto de tu frustración oculta. Acá viene y te muestra, heme aquí, tu frustración hecha hombre, heme aquí, para mostrarte cual espejo lo que no estás dispuesta a ver en tu interior. Cobarde, si tan solo pudieras verlo, ni él ni yo estaríamos acá. Pero el vacío te apabulla, entonces…

Yo: Entonces, querida soledad, soy yo, ya me conoces, de sobra. Todo tu discurso es de mi agrado, tus palabras mi pensar, tu murmullo mi pensamiento circular. Reverbera en mi interior tu eco, pero en mi cabeza, no así en mi corazón. Sí, yo también estoy aquí, no me fui y te respondo, tal vez a modo de defensa, como bien dijiste cuando usaste mis palabras. Ladrona de mi paz, estás en mi pensamientos de continuo quitándome el goce del minuto. Sí, sé que estarás, aunque lo busque a él, aún cuando venga, aún así estaré sola. Porque parece que la única incondicional sos vos. Estabas cuando nací, cuando no quise nacer, estuviste todo el tiempo, en aquellos niños del colegio, en los rostros adultos de hoy día, estás por todas partes, porque estás adentro mío, y tal como soy presa de este cuerpo porque estaré encerrada en él hasta el último de mis días, tal estarás ahí… hay falsas seguridades, abrazos espías que trabajan para vos, bien decís, me hiciste pequeño felino, sí, sabiendo que llegaría el momento de la despedida, ah, sí, … como cuando los insensatos cazan las crías salvajes, adueñándose de ellas mientras son pequeñas, necios, porque llega el día del instinto, aquel que despierta y muestra que ya no es posible, nunca lo fue, no es domesticable. Ahora entiendes? el momento de la despedida, esa que llega cuando el gatito es tigre, y el necio lo deja ir por autopreservación, pero, ya es tarde, ya tiene la necesidad, necesita de un otro… y ahí llegás vos, a mostrarme que tengo vacío, que existís, soledad, existís y no te sé porque tuve una falsa seguridad, un abrazo espía informante tuyo, que me hizo sentir, que no estaba sola. Me enviaste al espía, y yo, pusilánime, me dejé, lo dejé entrar en mí, para saciar, el vacío, la sensación de separatividad, el nexo roto, la fuente perdida, es que acaso el hilo dorado se opaca?

Soledad: solo estoy aquí para que “veas”…

Gimena

 

 

Arrancar el corazón…

Por qué uno debe arrancar del corazón aquello que no hizo más que nacer de la nada misma. De esa nada que es todo, todo lo que cualquiera necesita para sentir que existen razones para vivir, ese estremecer mágico, eso que sólo da sentido a la existencia, sin esfuerzos, sin dudas, sin preguntas, ese algo natural, fluido y sustancial. Por qué uno debe arrancar del corazón las ilusiones que lo vuelven aquel niño feliz que alguna vez ha sido, que revive esos instantes de fulgor inocente, de sonrisas amplias, mirada luminosa que se ha apagado con el tiempo. Y el tiempo, cruel tirano, que compone la existencia, va matando el sentido, recobrado por esta sensación, por esos sentimientos, por aquellas emociones, que hacen latir al divino, de dios, al divino corazón, a ese, del que uno tiene que arrancar, lo único que le recordó que es el centinela de la más preciada joya, joya que brilla como ninguna otra. Por qué uno debe arrancar del corazón, y estrujarlo hasta que vuelva a congelarse, por el frío de la lejanía, la tiranía de la ausencia, que se hace tiempo infinito y lento. Y ahora, que ya pregunté todo aquello que me angustia, sigo sin saber la respuesta a por qué uno debe arrancar del corazón el auténtico amor que nace por milagro, por qué matar al milagro, matar el fulgor, matar al niño… al amor…

Por qué me tengo que olvidar, caer en el doloroso intento del olvido, sin poder, ni por un instante, aunque lo intente, lidiar con el cometido. Quién dice que se puede, así como así, dejar pasar lo único que da sentido a la vida, por qué arrancar del corazón, y cómo arrancar al amor del corazón sin arrancar el corazón mismo…

Gimena

   

Alberto Dominguez Borrás

Alberto Domínguez Borrás, “La Perfidia de tu amor…” 

Mi mente comenzó a “escuchar” hoy la canción. Iba y venía, por lo tanto, la busqué y la escuché. “Perfidia”, qué tema! qué letra! qué hermoso por Dios! Inmediatamente realicé otra búsqueda, típico comportamiento de esta luna escorpio que les habla, búsqueda referida a su autor, quién escribió “Perfidia”, quién estaba inmiscuyéndose en mi mente y robando sentimientos profundos de mi corazón? 

Alberto Domínguez Borrás, alma mejicana, nacido en 1913, año previo al comienzo de la Primera Guerra Mundial, y… hago alusión a ello, no por simple dato de efeméride como se suele hacer, sino más bien, para enmarcar otra Luna en Escorpio. Ella, la que necesita guerrear para la paz, morir para vivir, provocar dolor y conflicto para sentirse segura, estar mal para sentirse bien… Sí, una vez más aquí, cayendo en las redes del más dulce de los pescadores, que sin saberlo, sin notarlo, por necesidad, asesina para vivir, ahoga a la vida del agua atrapándola en la red, sacándola de su hábitat, y llevándola para su terreno, su lugar, la cubierta de ese barco pesquero que siempre encalla, pero que siempre zarpa, aquí… luna escorpio, descendiendo a las profundidades negras pero paradójicamente luminosas, llenas de lo malo que enseña lo bueno, de la materia obscura que muestra la gracia de renacer, de ese cáliz obsceno y sagrado, obsceno cuando da, sagrado cuando se sublima a través de la entrega especial a ese ser único y no a otro. Esa luna, como sabemos, portadora de emociones, necesidades, raíces, pasado y sentimientos, linaje… ¿amor?… desengaño… esa luna escorpio, luna “en caída” en astrología, de seguro, en caída libre, eterna, a un vacío insondable, al vacío del vacío, del espacio infinito… 

Aquí, mi autor elegido, Alberto Domínguez Borrás, luna en escorpio, letrista de “Perfidia” y “Frenesí”. Éxitos ultraconocidos, famosos supongo yo por tocar el alma de los mortales hablando como lo hacen los dioses. 

Perfidia y Frenesí

No pudieron haber dos palabras más exactas, menos perfectibles, mejores, no, no las hubo ni las hay, para describir cómo siente una luna escorpio. Perfidia, término que significa “deslealtad o maldad extrema”, y Frenesí, que dice su descripción “exaltación violenta del ánimo, especialmente de una pasión”. Hace entonces, Alberto, pivoteando en estos dos términos las más hermosas y dolorosas de las letras de boleros que nos tocan profundamente el alma, el corazón, nos encienden y nos apagan, nos llevan al extremo para que recordemos que hay un punto, allí arriba, allí abajo, lugar del que escapamos, quizá porque es donde vive el dolor.

Notese en Frenesí la extrema pasión y  posesividad típica del todo o nada escorpiano, es “más que amor, frenesí”…

Frenesí:

Quiero que vivas sólo para mí,
y que tu vayas por dónde yo voy,
para que mi alma sea no más de tí,
bésame con frenesí.
Dame la luz que tiene tu mirar,
y la ansiedad que entre tus labios ví,
esa locura que es vivir y amar
que es, más que amor, frenesí.
Hay en el beso que te dí
alma, piedad, corazón.
Dime que sabes tu sentir
lo mismo que siento yo.
Quiero que vivas sólo para mí,
y que tu vayas por dónde yo voy,
para que mi alma sea no más de tí,
bésame con frenesí.
Hay en el beso que te dí
alma, piedad, corazón.
Dime que sabes tu sentir
lo mismo que siento yo.
Quiero que vivas sólo para mí,
y que tu vayas por dónde yo voy,
para que mi alma sea no más de tí,
bésame con frenesí.
bésame con frenesí.

bésame con frenesí.

Perfidia: aquí todo el dolor, el mayor, el que nadie sufre más que ella, la plutoniana y “lutoniana” si se me permite el término, deseando en forma fija y profunda, obsesiva, esos besos, sólo esos y no otros, imaginando lujurias que no disfruta y reclama, sabe que no puede tenerlas ni robarlas, esas aventuras! por lo tanto hace notar que sabe que existen y sin tenerlas, las añora, sin conocerlas, las conoce, le son negadas pero las pretende…

Nadie comprende lo que sufro yo

canto pues ya no puedo sollozar,

solo temblando de ansiedad estoy

Mujer, si puedes tu con Dios hablar,
pregúntale si yo alguna vez te he dejado de adorar;
Y al mar, espejo de mi corazón,
las veces que me ha visto llorar la perfidia de tú amor…
Te he buscado dondequiera que yo voy,
y no te puedo hallar,
para que quiero otros besos si tus labios no me quieren ya besar.
Y tú, quien sabe por donde andarás
quien sabe que aventuras tendrás que lejos estas de mí…!
Te he buscado dondequiera que yo voy y no te puedo hallar,
para que quiero otros besos si tus labios no me quieren ya besar.
Y tu, quien sabe por donde andarás
quien sabe que aventuras tendrás que lejos estas de mi…!
De mí…! De mi.  
Gimena

 

Amor… Amor… Amor I

Amor… Amor… Amor I

Cuando se piensa uno exento, inmune, cuando realmente cree, por supuesto, no como un acto de fe, sino más bien en forma racional y ampliamente elucubrada, que no puede volver a suceder, sucede. Porque la vida es así, siempre te contradice para que entiendas que nunca estás listo, nunca estás “ok” ni “like”, como si te daría a entender con estos actos que si aún estás acá es porque “no sabés”, porque todavía te falta aprender. Y como no se aprende a las caricias, por lo menos yo personalmente así no aprendo, te da una gama de diferentes “tonalidades” de dolor para que te quede claro, obviamente la tonalidad varía según cuán grande es la resistencia de la persona a los hechos, es decir, cuanto más resiste, se niega, se planta, etc, más alto el grado de sufrimiento porque obviamente este dolor será directamente proporcional a su actitud… Alarma!!!

La palabra “alarma”, tiene incluidas las palabras “ala”, “alma”, “arma”, “ama”, “mala”, entre otras que se pueden descubrir en el juego de anagrama… Nosotros pensamos hilvanando ideas en nuestro lenguaje, lenguaje simbólico, que viene directo del inconsciente… oooobvio…. ahondo entonces en este concepto, “alarma”, que por algo lo escribí en forma compulsiva al final del párrafo anterior. El amor sano, quien te “ama” debería darte “alas”, debería ser quien te “arma” la historia, aquella tan hermosa que te llena el “alma”… y sin embargo, cuando me enamoro, no sé por qué (habría que discutirlo, ahora no quiero, punto), esa persona, que me enamora, se me hace “mala”, me moja las “alas” y se vuelven tan pesadas que sin cortármelas logra que no pueda levantar vuelo, y así, ese amor se convierte en un “arma” que me dispara directo al corazón, vacía entonces mi “alma”, me “des-arma”… Aún así… “Sin embargo… Y sin embargo te quiero”, como dice la canción…

Para colmo de males, sucede cada vez más fuerte, más intenso, más profundo. Porque la inocencia ya no existe, esa que construye idilios casi perfectos a los 20 años de edad, que, por más que te hagan llorar, la melancolía es dulce aún. Ya, al doble de esa edad, hola! sí… ya ando por ahí, las pasiones son eso… pasiones. Lo idílico se desvanece, toma partida la pasión, el apasionamiento! Por favor, no sé quién inventó esto de las hormonas pero estuvo muy desubicado. Te convertís en un maldito apasionado, descontrolado, un desquiciado, “un loco de la guerra”, un… un sediento, y, como decía al principio, como tenés que pasarla mal, la vida es así, el agua salada (léase la ironía) que calma tu sed la porta alguien que suele ser un oasis en el desierto, teniendo en cuenta, por supuesto, que por cada vez que es real el oasis, pasaste antes por unas cuantas alucinaciones previas, sería algo así como “oasis, no… espejismo, oasis, no… espejismo, oasis… sí… bebo y bebo, es salada, no importa (error) sigo bebiendo”.

Después sigo… me puse de mal humor… se me hace que voy a escribir bastante sobre este “tópico”… por eso eso de “Amor I”… en fin…

Por mí… Gimena, y si fuese por mí…. ay ay ay….